Hoy al salir de trabajar me fuí directamente a la playa. Por suerte llevaba encima mi bolsa con toalla y bañador, así que sólo tuve que acercarme al balneario a dejar todo lo demás en una taquilla y no tener que preocuparme por si me chorizaban las llaves, la cartera, etc...
La tarde estuvo deliciosa. Un ratito de sol...un par de chapuzones, y se me olvidaron todos los sinsabores laborales de la mañana. Vuelta al balneario, una duchita y otra vez fresquito y endulzado. Y como el hambre apretaba, pero la tarde seguía estando buena, me acerqué a comprarme un kebab, y me dispuse a comerlo sentado debajo de la araucaria que hay en el paseo a la altura de Luis morote.
Y allí estaba yo sentadito tan ricamente comiendome mi kebab. La gente pasaba, algunos se sentaban a mi lado, y parecía como si yo no existiera. Y no es que me moleste...de hecho yo mismo trato al resto del mundo con una sonora indiferencia que es una mezcla de no querer molestar y de que realmente me importa bien poco quien me pasa por al lado. Pero al cabo de un poquito, un señor mayor se acercó renqueando con un bastón y se sentó a mi lado. Y al sentarse pronunció un cortés y sonoro "buenas tardes y que aproveche", a lo que yo contesté entre sorprendido y azorado "buenas tardes y muchas gracias". La verdad es que me gustó el gesto del hombre. Acostumbrado como estoy a que la gente de mi generación no tenga gestos de cortesía con desconocidos, realmente me causó una gran simpatía la presentación del señor. Y empecé a preguntarme porqué diablos habremos acabado los de treintaymuchos-cuarentaypocos siendo tan sosos y rácanos a la hora de dirigirnos con un mínimo de cortesía hacia las personas que no nos han presentado. Pasamos de todo el mundo y nos encerramos en nuestra burbuja, pero cuando aparece alguien conocido, nos deshacemos en simpatias. El resto no existe, ni siquiera para las elementales normas de urbanidad como es desear un sencillo "buen provecho" a un semejante.
Y en esas estaba yo, cuando de repente el hombre saca un cigarrillo "mecánico" y empieza a fumárselo tranquilamente y el viento largándome todo el humo a la cara. Puedo jurar que se me atragantó el bocado de kebab y tuve que dejarlo del asco que me produjo. Y entonces pensé en lo paradójico del caso. Ese hombre, que minutos antes evalué como alguien simpático, agradable y cortés, ahora se convertía en un viejo desconsiderado al que le importaba un rábano intoxicar mi comida con su apestoso cigarro. Algo fallaba.
Y pensando un poco, llegué a la conclusión de que todo esto no es más que un problema generacional. Por un lado ese hombre fué educado en una circunstancia en la que ameritaba ser cortés y educado con los vecinos. Y el tipo sigue fiel a esa educación que recibió. Sin embargo en su época el tabaco no era el veneno perseguido que es hoy. Y el tio no entiende que fumar al lado de alguien que está comiendo pueda resultar molesto. De un plumazo, dos conceptos del pasado chocaban de frente con la educación moderna.
Por suerte me considero una persona cerebral y moderada, así que agradecí el primer gesto, y traté de diculpar el segundo. Al fin y al cabo estoy en mejores condiciones de adaptarme a la idiosincrasia de un señor mayor, que él de cambiar sus costumbres.
Y como una cosa lleva a la otra, empecé a pensar en esas discusiones que he tenido por aquí sobre si nudismo en las canteras sí o no. Y como mi postura siempre ha sido "sí, pero en sitios acotados para ello", parece que esté dando la impresión de ser un cortarollos lleno de prejuicios, como ya me han llamado. Y nada más lejos de la realidad. A mi el nudismo no sólo no me molesta, sino que lo practico allá donde considero que es oportuno hacerlo. Y el ejemplo del señor y su formación antigua, me sirve para ilustrar lo que digo. Creo que las canteras a día de hoy no es un lugar apropiado para el nudismo indiscriminado. Y no lo es, porque sigue siendo una playa familiar a la antigua usanza, donde hay muchas personas mayores que fueron educadas de otra forma y a quienes la desnudez explícita les produce realmente un enorme malestar. Y no sólo no soportan ver gente desnuda después de toda una vida siendo educados para no soportarlo, sino que aún soportan menos que sus hijos o nietos, lo vean.
Y esto no se soluciona llamándoles carcamales o argumentando que los tiempos han cambiado. Nos guste o no, son miembros de nuestra sociedad, de nuestra playa y de nuestras familias, y tienen tanto derecho a ser tenidos en consideración como cualquier moderno neo-liberal que se considere el paradigma del progresismo. Creo que lo que debe primar es la convivencia, y francamente me cuesta a mi mucho menos trabajo acercarme al confital a bañarme en pelotas tranquilamente, que una de estas personas aceptar a estas alturas de sus vidas la desnudez que siempre les fué presentada como "indecencia". El futuro es nuestro, no de ellos. No debemos tener prisa, porque poco a poco todo evoluciona y llegará el día en que la desnudez en las playas no alarme a nadie. Pero hoy sí lo hace. Y como dijo Darwin, la evolución no es precisamente un ferrari, aunque es inexorable e imparable.
Sólo es necesaria paciencia y, sobre todo, tolerancia, sobre todo por parte de aquellos que nos consideramos jóvenes y progresistas.